10-01-2026
“Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.”
Salmos 51:16–17 (RVR1960)
Salmos 51:16–17
David comprendió que Dios no se agrada de rituales vacíos, sino de un corazón sincero. La adoración que agrada a Dios nace del arrepentimiento y la humildad. Un corazón quebrantado reconoce su necesidad de Dios y se rinde completamente a Él.
Cuando adoramos desde la humildad, Dios obra en nuestro interior. La adoración genuina transforma el corazón, restaura lo que estaba roto y renueva nuestra relación con Él. No se trata de aparentar santidad, sino de permitir que Dios nos transforme desde adentro.
Dios nunca desprecia un corazón sincero. Él se acerca a quienes reconocen su dependencia y buscan Su presencia con honestidad. Esta adoración produce cambios reales y duraderos en nuestra vida espiritual.
Dios se deleita en un corazón humilde y sincero. Permite que tu adoración transforme tu interior y te acerque cada día más a Él.


