26-08-2025
“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.”
Mateo 5:44
Mateo 5:44
El amor de Cristo rompe los límites humanos. Jesús nos enseñó a amar no solo a quienes nos aman, sino también a quienes nos hieren. Este mandamiento parece imposible, pero se hace real cuando dejamos que el Espíritu Santo obre en nosotros. Romanos 12:21 nos recuerda: “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.” Amar a quienes nos ofenden refleja la naturaleza de Cristo en nosotros.
Cuando decidimos amar a quienes nos persiguen, damos testimonio de que nuestra esperanza no está en este mundo. Jesús mismo, al estar en la cruz, oró por quienes lo crucificaban diciendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” (Lucas 23:34). Ese ejemplo nos enseña que el verdadero amor no guarda rencor, sino que busca la restauración y la paz.
Además, amar a nuestros enemigos trae libertad a nuestro corazón. No estamos llamados a cargar resentimientos, sino a vivir en la paz de Dios. Proverbios 25:21-22 dice: “Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan; y si tuviere sed, dale de beber agua; porque ascuas amontonará sobre su cabeza, y Jehová te lo pagará.” Amar es confiar en que Dios es justo y recompensará nuestra obediencia.
Amar a quienes nos ofenden es reflejar el corazón de Cristo en nosotros. Aunque el mundo vea esto como debilidad, en realidad es una victoria espiritual. Decidamos hoy amar, perdonar y orar por quienes nos lastiman, confiando en que Dios obrará en sus corazones y en el nuestro.


