09-12-2025
“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren.”
Juan 4:23-24
Juan 4:23-24
Jesús enseñó que la adoración verdadera no depende de un monte, un templo ni una tradición humana; depende del estado del espíritu y de la verdad. Adorar en espíritu significa dejar que el Espíritu Santo dirija nuestra adoración, porque Él es quien nos revela quién es Dios. Pablo dijo: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8:14). La adoración sin el Espíritu se vuelve vacía; con Él, se vuelve vida.
Adorar en verdad significa adorar basados en la Palabra de Dios, no en emociones ni costumbres. Jesús oró: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). La verdadera adoración está alineada con lo que Dios ha dicho, no con lo que nosotros sentimos o imaginamos. Cuando conocemos la verdad bíblica, entendemos mejor la grandeza de Dios, y nuestra adoración se vuelve más profunda.
El Padre busca adoradores así, lo cual demuestra que no todos los que cantan o asisten a una reunión lo están adorando realmente. La adoración en espíritu y verdad transforma al creyente, lo lleva a caminar en integridad, obediencia y dependencia del Espíritu Santo. “El Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17). La adoración verdadera siempre produce libertad, nunca esclavitud emocional.
La adoración en espíritu y verdad une la sensibilidad del corazón con la claridad de la Palabra. Es una adoración equilibrada, profunda y genuina. Cuando adoramos así, respondemos al deseo del Padre y experimentamos Su presencia de manera real. Que hoy podamos decir: “Señor, quiero adorarte como Tú deseas, no solo como yo siento”.


