11-12-2025
“Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.”
Juan 14:23
Juan 14:23
Jesús dejó claro que la verdadera adoración se demuestra a través de la obediencia. No basta con decir “te amo, Señor”; ese amor se confirma cuando obedecemos Su Palabra. La obediencia es una expresión profunda de adoración porque implica rendir nuestra voluntad para abrazar la Suya. 1 Samuel 15:22 nos recuerda: “Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios.” Dios prefiere un corazón obediente antes que cualquier acto externo de adoración.
Cuando obedecemos, la presencia de Dios se manifiesta en nuestras vidas. Jesús prometió que Él y el Padre hacen morada en aquellos que guardan Su Palabra. Eso significa que la obediencia abre la puerta a una comunión más íntima con Dios. Salmos 119:105 dice: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.” Cada paso de obediencia nos guía hacia una vida más firme y llena de Su luz. Adorar en obediencia nos protege, nos fortalece y nos acerca más al corazón del Padre.
La obediencia no siempre es fácil, porque muchas veces implica renunciar a nuestros deseos o a la presión del mundo. Sin embargo, Jesús nos enseñó que Su yugo es fácil y ligera Su carga. En Mateo 11:29 Él dijo: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón.” Humildad es reconocer que Dios sabe mejor que nosotros y confiar en que Su voluntad es perfecta. Esa humildad nos lleva a una adoración más pura, porque dejamos de pelear con Dios y empezamos a caminar con Él.
Adorar en obediencia es demostrarle a Dios que nuestro amor es real. Es vivir según Su Palabra, confiando en que Su camino es siempre mejor. Cuando obedecemos, Su presencia se hace más fuerte en nuestra vida, y nuestra adoración se vuelve profunda y verdadera. Que hoy puedas decir: “Señor, quiero adorarte con mi obediencia”.


