10-08-2026
“Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.”
Génesis 3:1-5
Génesis 3:1-5
Génesis 3 comienza presentándonos a la serpiente como un animal astuto que se acerca a Eva para cuestionar lo que Dios había dicho. Su primera estrategia no consistió en ordenar directamente que desobedeciera, sino en sembrar una duda: “¿Conque Dios os ha dicho…?” La tentación comenzó atacando la confianza que Eva tenía en la Palabra del Señor. Esta estrategia sigue siendo relevante hoy, porque muchas veces la tentación comienza cuando permitimos que la duda debilite nuestra confianza en lo que Dios ha establecido. Cuando dejamos de considerar Su Palabra como autoridad suficiente, comenzamos a abrir espacio para aceptar otras voces que contradicen Su verdad.
La serpiente no solo cuestionó el mandato de Dios, sino que posteriormente contradijo directamente Sus palabras: “No moriréis.” De esta manera presentó la desobediencia como algo aparentemente beneficioso y trató de hacer que Eva creyera que Dios estaba reteniendo algo bueno de ella. Este es uno de los engaños más peligrosos del pecado: hacernos pensar que obedecer a Dios significa perdernos algo que necesitamos. Sin embargo, Dios nunca establece Sus mandamientos para privarnos de aquello que realmente necesitamos, sino para protegernos y conducirnos hacia lo que es bueno. La tentación intenta convencernos de que nuestra propia sabiduría es superior a la sabiduría de Dios.
Este pasaje nos invita a examinar qué lugar ocupa la Palabra de Dios en nuestras decisiones. Cuando conocemos lo que Dios ha dicho, pero comenzamos a cuestionarlo porque nuestras emociones, deseos o las opiniones de otros parecen más atractivas, nos encontramos en terreno peligroso. La mejor defensa frente al engaño no es nuestra propia fuerza, sino permanecer firmes en la verdad de Dios. Jesús mismo respondió a las tentaciones del enemigo utilizando las Escrituras. Por eso necesitamos conocer la Palabra, meditar en ella y confiar en que los caminos de Dios son mejores que los nuestros. La tentación puede presentar el pecado como algo atractivo, pero la Palabra nos permite reconocer el engaño y permanecer firmes.
La tentación muchas veces comienza con una pregunta que intenta hacernos dudar de Dios. Por eso debemos cuidar nuestra confianza en Su Palabra y recordar que Sus mandamientos son para nuestro bien. Cuando conocemos la verdad y permanecemos firmes en ella, podemos reconocer las mentiras que buscan apartarnos del Señor. Nuestra seguridad no está en nuestra propia sabiduría, sino en confiar plenamente en Dios.
👉 ¿Existe alguna verdad de la Palabra de Dios que estás comenzando a cuestionar porque tus deseos o las voces del mundo te están haciendo dudar?


