14-12-2025
“Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.”
Apocalipsis 4:11
Apocalipsis 4:11
La adoración verdadera no es temporal: es eterna. En el cielo, seres angelicales adoran a Dios día y noche sin cesar, recordándonos que la adoración es el ambiente natural del reino de Dios. Apocalipsis 7:12 describe esta adoración: “La bendición, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, la honra, el poder y la fortaleza sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos.” Nosotros estamos llamados a unirnos a esa adoración, comenzando aquí en la tierra.
Cuando adoramos, nos conectamos con la eternidad. La adoración nos recuerda que fuimos creados para Él y por Él. Colosenses 1:16 afirma: “Todo fue creado por medio de Él y para Él.” Nuestra vida cobra sentido cuando entendemos que fuimos diseñados para glorificar a Dios. La adoración diaria es un ensayo de la adoración eterna, donde estaremos cara a cara con Él, sin dolor, sin tristeza, solo Su gloria.
El cielo nos enseña cómo debe ser nuestra adoración: centrada en Dios, no en nosotros. A veces nos enfocamos en cómo nos sentimos, pero en el cielo la adoración está enfocada únicamente en la grandeza del Señor. Salmos 29:2 dice: “Dad a Jehová la gloria debida a Su nombre; adorad a Jehová en la hermosura de la santidad.” Nuestra adoración debe reflejar esa pureza, esa reverencia y esa entrega total.
Domingo nos recuerda que la adoración no se limita a un culto, sino que es un anticipo de la eternidad. Fuimos creados para adorar y un día lo haremos por siempre ante Su trono. Que este día sea una invitación a vivir una vida de adoración, centrada en la gloria de Dios, hoy y por la eternidad.


