03-09-2025
“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”
Filipenses 4:7
Filipenses 4:7
La paz es un regalo divino que no se compara con lo que el mundo ofrece. Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da” (Juan 14:27). Esa paz nos sostiene cuando todo alrededor parece caótico. Es una paz que nace de confiar en que Dios tiene el control de nuestras vidas.
El profeta Isaías declaró: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3). La paz es fruto de la fe, de poner nuestra mirada en Cristo y no en los problemas. Cuando descansamos en el Señor, nuestro corazón se calma y nuestros pensamientos son renovados.
El Espíritu Santo produce en nosotros esa paz que no depende de la ausencia de dificultades, sino de la presencia de Dios en medio de ellas. Filipenses 4:6 nos exhorta: “Por nada estéis afanosos… sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios.” Al orar y confiar, recibimos esa paz incomparable.
La paz del Espíritu Santo guarda nuestro corazón y mente aun en la tormenta. No es una paz pasajera, sino permanente en quienes descansan en Cristo. Dios nos llama a vivir esa paz y compartirla como testimonio de que Él es suficiente.


