17-07-2025
“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”
Filipenses 3:20-21
Filipenses 3:20-21
Como creyentes, nuestra verdadera ciudadanía no es terrenal, sino celestial. Esto significa que nuestra esperanza y nuestro destino final están en los cielos. La muerte no puede detener lo que Dios ya ha preparado para nosotros.
El apóstol Pablo nos recuerda que Jesús volverá y transformará nuestros cuerpos mortales. 1 Corintios 15:53 dice: “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.” Esta transformación será gloriosa y completa.
Vivir con esta esperanza nos da un enfoque diferente: no tememos al fin, porque ya tenemos un futuro asegurado. En Cristo, incluso nuestro cuerpo será glorificado. La victoria sobre la muerte también significa la promesa de una vida gloriosa en el cielo.
La muerte no es el final para los que están en Cristo. Somos ciudadanos del cielo, y nuestra esperanza es que Jesús transformará nuestro cuerpo mortal en uno glorioso como el suyo.


