09-04-2025
“Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí, Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento, un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto, un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego, un silbo apacible y delicado.”
1 Reyes 19:11-12
1 Reyes 19:11-12
Elías estaba agotado y desanimado cuando huyó al monte Horeb. Esperaba que Dios se manifestara en señales espectaculares, pero Dios le habló en un silbo apacible y delicado. Muchas veces esperamos que Dios nos hable con señales grandes, pero Él prefiere hablar en el silencio de nuestro corazón.
Jesús también tenía la costumbre de buscar lugares solitarios para orar y escuchar la voz del Padre. Marcos 1:35 dice: “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.” Si queremos oír a Dios, necesitamos apartarnos del ruido y dedicar tiempo a estar en Su presencia.
El Salmo 46:10 nos recuerda: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios.” Muchas veces, el ruido de la vida nos impide escuchar a Dios. Es en la quietud donde podemos percibir Su dirección y Su amor.
Dios nos habla en el silencio, pero debemos aprender a buscarlo. Al apartarnos de la distracción y estar en quietud, podemos escuchar Su dulce voz con claridad.


